Lecturas de Santos Domínguez: “DON Y AVENTURA”, antología de Claudio Ridríguez.

“Don y aventura: principio y final, o, sencillamente, desarrollo armonioso de una de las voces poéticas más importantes, originales y bellas de la literatura hispánica del siglo pasado”, escribe Sergio García García al final del estupendo prólogo que abre Don y aventura, una magnífica antología poética de ochenta poemas de Claudio Rodríguez que publica Eirene Editorial con edición de Sergio García García y Manuel López Azorín.
Ese prólogo -Tanto secreto que es renacimiento- recorre la vida y la obra de Claudio Rodríguez, uno de los poetas imprescindibles de la poesía española, y comenta algunos de sus textos esenciales, desde Don de la ebriedad a Casi una leyenda pasando por Conjuros, El vuelo de la celebración y Alianza y condena, el libro que Claudio Rodríguez prefería de entre los suyos, un libro que plantea un debate -como gran parte de su poesía- entre contrarios, a través de la antítesis y el oxímoron: alianza y condena, celebración y llanto, exaltación y abatimiento, certezas y dudas, iluminaciones y caídas, revelación y sombra.
Alianza y condena es un libro central en la trayectoria poética de Claudio Rodríguez, no sólo porque es el tercero de los cinco que escribió, sino porque tras sus dos libros iniciales -Don de la ebriedad y Conjuros-, llenos de la luminosidad de la alianza, a partir de este empieza a imponerse la condena que ensombrecería El vuelo de la celebración y Casi una leyenda.

Quizá ningún poema la refleje con tanta intensidad como Ajeno, uno de los preferidos por su autor:
Largo se le hace el día a quien no ama
y él lo sabe. Y él oye ese tañido
corto y duro del cuerpo, su cascada
canción, siempre sonando a lejanía.
Cierra su puerta y queda bien cerrada;
sale y, por un momento, sus rodillas
se le van hacia el suelo. Pero el alba,
con peligrosa generosidad,
le refresca y le yergue. Está muy clara
su calle, y la pasea con pie oscuro,
y cojea en seguida porque anda
sólo con su fatiga. Y dice aire:
palabras muertas con su boca viva.
Prisionero por no querer, abraza
su propia soledad. Y está seguro,
más seguro que nadie porque nada
poseerá; y él bien sabe que nunca
vivirá aquí, en la tierra. A quien no ama,
¿cómo podemos conocer o cómo
perdonar? Día largo y aún más larga
la noche. Mentirá al sacar la llave.
Entrará. Y nunca habitará su casa.

Completan esta espléndida antología tres apéndices: una selección de diez de los Poemas laterales que Claudio Rodríguez no recogió en libros, los antetextos mecanoscritos y corregidos a mano del poema ‘Cuando la vejez’ del inacabado Aventura y “A manera de un comentario”, la introducción que preparó Claudio Rodríguez para la edición en Cátedra Letras Hispánicas de Desde mis poemas.Allí definía la poesía como “una búsqueda, o una participación entre la realidad y la experiencia poética de ella a través del lenguaje.”

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