SOBRE “MAX AUB: ACTUALIDAD INTELECTUAL” (Varios Autores)

Este número de la revista quiere hacer un modesto pero emotivo homenaje a quien fue uno de los símbolos de la España culta y avanzada, y, después, símbolo de la venganza fascista contra el arte y la cultura que terminó en un exilio dramático de miles de trabajadores, trabajadoras y de artistas e intelectuales, a costa de hacer de España un país de familias partidas por la ambición franquista. Max Aub fue ejemplo de compromiso con el ser humano a través de procesos intelectuales que dieron como fruto obras de gran calado literario y emotivo.  


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Manuel Aznar

Max Aub en Cuba

 La revolución cubana y la literatura española

 (Texto de “Enero en Cuba: la revolución cubana vista por Max Aub en 1968”)

Manuel Aznar Soler

 

El triunfo de la revolución cubana fue saludado en 1959 con júbilo por la intelectualidad de izquierdas en todo el mundo. Y también, naturalmente, tanto por la mayoría del exilio republicano español de 1939 -por ejemplo, por el comunista Jesús Izcaray, autor de Reportaje en Cuba– como por la oposición antifranquista que vivía en España bajo la dictadura militar, encarnada por Pueblo en marcha, de Juan Goytisolo, protagonista ya por entonces de un «segundo exilio» en París. Una encuesta de la revista mexicana Humanismo nos proporciona un valioso testimonio de esa esperanza colectiva que Max Aub comparte en 1960:

«Me es muy difícil -a mí como a tantos- darme exacta cuenta de lo que es y se propone la actual Revolución Cubana por la evidente parcialidad contraria de la mayor parte de la prensa. (Lo que no es nuevo ni particular al movimiento encabezado por Fidel Castro; los republicanos españoles hemos conocido el mismo alevoso mal).

Por otra parte -aun sin saber-, la Revolución Cubana entra a formar parte -sin duda alguna ni paso atrás posible, sean las que fueren las contingencias futuras- del nuevo perfil que adquiere el mundo dibujado por múltiples países de reciente historia patria».

Y a una segunda pregunta sobre la posibilidad de que una intervención norteamericana la frustre, responde Max Aub:

«Parece imposible que se repita en Cuba la triste historia reciente de Guatemala. Nada lo abona; ni el modo de llegada al poder, ni la manera de enfrentarse con los problemas fundamentales de la Revolución; -aun a través de agencias poco favorables- (sic) el apoyo con que parece contar el actual régimen cubano.

Es decir que, de producirse un ataque, todo lleva a suponer que el pueblo defendería, a como diera lugar, a sus actuales dirigentes. Por lo menos esto parece, visto desde lejos».

Sabemos hoy que Max Aub fue escribiendo a lo largo de su vida unos Diarios inéditos. Sin embargo, el autor tuvo interés en publicar algunos de ellos en vida: concretamente, La gallina ciega, su «diario español» de  1969,  este  Enero en Cuba

y, aunque de índole genérica muy distinta, también su poético Diario de Djelfa. Pues bien, en la edición española de estos Diarios puede leerse el 7 de enero de 1959 la siguiente anotación, en donde Aub expresa el carácter «romántico», la «ilusión lírica» con que fue saludada inicialmente la revolución cubana:

«Las revoluciones, o los sobresaltos hacia la libertad, suceden cuando un grupo está decidido a morir por conseguirla. Los que viven bien -si no a gusto- son incapaces de ella. Verbigracia, hoy, los argelinos, pero no los españoles.

Quedan, además, los caudillos románticos -si hay quien los financie-, como Fidel Castro».

Pero este viaje a Cuba no era uno más entre los viajes que realizó un Max Aub que, a partir del 22 de enero de 1956 en que obtuvo la nacionalidad mexicana, se transformó en un viajero impenitente hasta las mismas vísperas de su muerte. En efecto, entre 1956 y 1972 podemos constatar al menos nueve viajes del escritor a Europa, sobre todo a Francia -el país de nacimiento del escritor-, Inglaterra -en donde vivía su hija Mimín- y en dos ocasiones a España: una, la ya citada de 1969 y la otra en la primavera de 1972, pocos meses antes de su fallecimiento, como puede constatarse a través de la lectura de su segundo «diario español». Este viaje a Cuba era un viaje más pero, naturalmente, no un viaje cualquiera, como tampoco lo fue el realizado a Israel, donde permaneció entre noviembre de 1966 y  febrero de 1967, un viaje que, lógicamente, tuvo para el escritor -francés por nacimiento, español por libre elección y judío por linaje- una especial significación. Y si ese enero de 1967 en Israel fue importante, no lo fue menos este Enero en Cuba de aquel mítico y revolucionario año 1968, el año en que Max Aub, además de preparar la edición de su diario cubano, publicó su obra teatral El cerco, dedicada a la muerte del Che Guevara. Un diario cubano que Max Aub quiso publicar en vida, como demuestran algunas consultas realizadas con tal motivo y de las que deja constancia, por ejemplo, el 8 de septiembre de 1968 en sus Diarios: «Fede [rico Álvarez] encuentra publicable Enero en Cuba».

 


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Javier Villán

MAX AUB EN SU LABERINTO

Javier Villán

Siempre en su laberinto de apátrida, huésped de los campos de concentración nazis, alemán o español da igual. Posiblemente más español que nada: teatro, narrativa, poesía, gran poema La gallina ciega, que hace poco hicimos en el Fernán Gómez; dirigido por Ramón Fontseré y  con escenografía de David  Loaysa.  Memorable  Victoria Vera, la mejor Victoria de los últimos tiempos. Empezábamos con el Orfeón Donostiarra y seguía la voz de Luz Casal con el poema de Rosalía, Negra sombra. Antorrin Heredia con una petenera, gitano y con dos pares ¡!!la Petenera!!: guión mio, un canto a la pluralidad de las tierras de España que es una de las mayores satisfacciones de mi vida. La voz de Luz  Casal poniéndole saudade a Negra Sombra. Y Victoria Vera, entre cajas, jugando a la gallina ciega de Max Aub, memorizando sus paisajes de España, de Cádiza Finisterre

   Max Aub, la España peregrina copiándole título a otro transterrado: José Bergamin. Las calamidades nunca le han abandonado. Hace poco, el teatricida del Matadero, un tal Feijoó creo, un subalterno de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, le quitó la sala. Pero parece que se la ha restituido, a él y a Arrabal, eso  dicen, José Luis Ramos Romo. No he podido comprobarlo e ignoro si la restitución se ha debido a la campaña que desencadené  contra don Feijoó o por propia voluntad.  Poco tiempo antes la señorita Mayer, concejala de cultura y que nunca jamás pisó su teatro, El Español, ni siquiera para saludar a la hija de Max, octogenaria que vino a un estreno de Pérez de la Fuente, uno de los que más hecho por Max Aub en España. Recuerdo el soberbio montaje de San Juan, el barco de los perseguidos. Ernesto Caballero y José Ramón Fernández con El laberinto mágico, esas prosas que acaban de dejarme los Magos como regalo y premio de mi buena conducta.

   Gran espectáculo en el Valle Inclán, goyesco podríamos decir, los horrores de la guerra, la España cainita y guerracivilista, de Ernesto y José Ramón, que ha llegado hasta Moscú. A garrotazos. En Max Aub hay algo de Goya. Todos los grandes tienen algo o mucho de Goya.

   Umbral establecía una línea de pensamiento que empezaba en Quevedo, ignoraba injustamente a Cervantes, continuaba en Larra y concluía en Vallé Inclán. Lo que él llamaba el pensamiento crítico; Cervantes es pensamiento crítico. Por Max  Aub, como le ocurría con los exiliados en general, Umbral no tenía especial predilección. Su teoría era simple, simplista, diría yo. El exilio exterior, fue un exilio de oro. Eso le valió a Umbral una bofetada que mandó sus gafas por los suelos. “Nadie me defendió”, se quejó luego Paco Umbral. Quienes verdaderamente lucharon contra el franquismo fueron los exiliados interiores. Como teoría, vale; pero no fueron demasiado eficaces, cárceles, censura, listas negras en periódicos y editoriales. El exilio interior solo fuimos eficaces con nosotros mismos.


 

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José Esteban

Foto_Pag_6Trampas. Max Aub

(Edición, prólogo y notas de Pedro Tejada Tello)

Reino de Cordelia. Madrid, 2017

José Esteban

Sabida es la afición al juego de nuestro novelista y que murió en su casa de México, cuando se disponía a echar una partida con los amigos. En sus obligadas reclusiones en los campos de concentración mataba el tiempo jugando a las cartas. En los primeros años de su exilio mexicano, Max iba diariamente a casa de Paulino Masip, donde se jugaba.

   Quizá por ello, existe una sugestiva relación entre vida, literatura y juego en nuestro escritor. Así como un cierto apasionamiento por los juegos verbales, por la adivinación del futuro y la reinvención de la historia. Recordemos sus “epístolas-naipes” de Juego de cartas.

   Esta primorosa edición de Trampas constituye todo un redescubrimiento. Por carta a su biógrafo, sabemos que pensaba publicar estos textos en vida. De hecho, con el título de “Algunas trampas”, una parte del mismo apareció en la revista mexicana Diálogos (1968) y en la madrileña El Urogallo (1970). Este anticipo supone aproximadamente la cuarta parte de la obra.

   Se trata de un libro auténticamente aubiano, tanto por el tema, por su forma aforística y por la pasión lingüística que muestra. “Frases breves, preñadas de carga significativa, a veces tajantes y rotundas”, son los aforismos a los que Max Aub fue muy aficionado (como su amigo Bergamín) y que podemos encontrar en muchas de sus obras, como “Cuaderno verde”, del Jusep Torres Campalans, Paremiología particular, Signos de ortografía, Suicidios, Epitafios Crímenes ejemplares. 

   Los textos de Trampas son inequívocamente aforismos:

Dime con quién juegas y te diré quién eres”.

             “Ni el bridge ni en el ajedrez valen trampas: ganan los que más saben, luego no son juegos, sino abuso de  “Juega con ciegos, no con tontos”.

 “Piensa siempre que puedes perder”.

 Siempre se juega con alguien”.

“No se juega nunca para pasar el tiempo, sino para ganarlo”.

   Para Max, la trampa es inherente al ser humano. (“El acecho, animal; el engaño vegetal; la trampa humana”). Pero le interesa otra dimensión de la trampa y del juego: la de la representación o metáfora de la vida o de la muerte.

“Sin trampas no se puede vivir; las trampas son la vida misma: la muerte”.

“La vida es trampa”.

“Vivir del juego y el juego de vivir es morir”.

   En fin, Trampas es un libro apasionante y muy representativo del quehacer y las preocupaciones de Max Aub. Sus certeros aforismos (“No importa que el aforismo sea cierto o incierto: lo que importa es que sea certero”, escribió Bergamín) giran en torno a un tema muy querido por el autor; el juego (“Todo lo que no es juego carece de sentido”). Porque además, él, Max Aub, que fue siempre un perdedor, nunca hizo uso de las armas del tramposo, prefiriendo las de la integridad ética y moral. “Estoy tan acostumbrado a perder que el ganar ya me jode”, escribió en su diario.


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Isabelo Herreros

La mirada vitriólica de La gallina ciega

Isabelo Herreros

Cuando Max Aub pisa de nuevo España, en agosto de 1969, tras treinta años de exilio, lo hace con un visado de turista y bajo la protección de un pasaporte mejicano. La coartada del viaje era escribir un libro biográfico sobre Luis Buñuel, amigo de Aub, que por entonces se encontraba en España, enfrascado en el rodaje de Tristana. El régimen franquista, fiel a su criminal origen y ejecutoria, no le había dejado siquiera acudir al entierro de sus progenitores, fallecidos en Valencia, en 1951 su padre, y en 1962 su madre. A pesar de la “peligrosidad” de aquel exiliado, para la inmensa mayoría de la sociedad española era un perfecto desconocido, como aún lo es hoy, a pesar de haberse reeditado casi toda su obra literaria. No era totalmente ignorado por los círculos que leían revistas literarias, pues lo cierto es que Max Aub había querido acercarse a sus colegas de oficio en España, con colaboraciones en Insula, o en la mallorquina Papeles de Son Armadans, vinculada a Camilo J. Cela.

   Desconocemos, quizá por pereza de los especialistas, el contenido de los informes policiales que aún en 1969 consideraban al autor de La calle de Valverde sujeto peligroso para la dictadura franquista. Es posible que entre las imputaciones figuren la de haber sido guionista de Sierra de Teruel, película que dirigió André Malraux en 1938, o ser quien encargó a Picasso un cuadro sobre la guerra civil española, es decir el célebre Guernica. Para redondear la situación política del escritor, hay que señalar que, sin que él mismo supiera las sinrazones, había sido expulsado del PSOE, por decisión del gran cacique del exilio español en México, léase el aún venerado Indalecio Prieto, y todo por ser solo un afiliado, sin cargo alguno, que se mantuvo leal a quien encarnaba la legalidad republicana, antes, durante y después de la derrota de 1939: don Juan Negrín. Sería de interés conocer el contenido de los informes de la censura y la policía, cuando en 1960 se publicó en México un curioso libro, titulado La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco y otros cuentos.   

   No pretendo aquí comentar  la obra novelística de Max Aub, ni la teatral,  solo llamar la atención

acerca de la importancia de un libro inclasificable, de unas cuatrocientas páginas, en el que se describe con prosa ágil y corrosiva la España domesticada y gris de aquellos años, en la que crecieron varias generaciones que ignoraban todo acerca de la República, o, peor, tenían una imagen deformada por la propaganda del régimen, no solo de lo que había significado políticamente. Siente amargura de que no le pregunten por nada de aquello, que no les interese conocer cómo era la universidad republicana, que no sepan nada de sus científicos, historiadores y juristas, nada de la Institución Libre de Enseñanza, de las Misiones Pedagógicas, ni de quien había sido Enrique Díez Canedo, José Gaos o Luis Cernuda. Ignorancia total del exilio.

El propio escritor se pregunta en el prólogo: ¿Qué son estas páginas? Diario sólo hasta cierto punto, porque éstos suelen limitarse a anotación de sucesos, reflexión sobre lo inmediato. Interesa en ellos lo inesperado, la gracia del aire; no tiene éste ninguna: leo en una tesis que lleva como apéndice una conversación grabada en mi casa, meses antes del viaje aquí anotado: en ella encuentro, a priori, las consecuencias que pueden sacarse de estas páginas. ¿Quiere decir que fui a España con la idea preconcebida del estado actual de la península? Es posible. Doy mi palabra que deseaba lo contrario. Sencillamente: no vivía a oscuras; lo que quiere decir -ni mucho menos- que diera en el blanco de la razón.

La gallina ciega es una reflexión amarga y lúcida, como si el autor, consciente de su delicada salud, quisiera dejar un apresurado testimonio del desencuentro que tiene con su país; es también una continuidad de su Laberinto, o la resultante final del drama de la guerra y el exilio, es decir una España de la que había sido borrada la fecunda obra de Francisco Giner de los Ríos y toda huella de la cultura republicana.

1Se refiere a La obra narrativa de Max Aub (1929-1969) de Ignacio Soldevila Durante.


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José Luis Esparcia

MAX AUB: DESTINO Y SIGNIFICACIÓN

José Luis Esparcia

París vio nacer a Max Aub Mohrenwitz el 2 de junio de 1903. Su padre era alemán, su madre, francesa de origen familiar judío. Unas señas de identidad que darían más significación a su destino como involuntario exiliado. Un periplo -elegido por sus padres primero, impuesto después- que comienza joven, cuando se traslada con su familia desde la capital francesa a Valencia, al comenzar la primera guerra mundial. Allí estudia el bachiller. Y con diecinueve años publica su poema “Momentos”. Fue en el número 359 de la revista España, dirigida por Manuel Azaña Pero el primer poema escrito se data en 1915. Después vendrían publicaciones en las principales revistas.

   Es un convencido republicano de conciencia política completamente proclive a las personas desfavorecidas, a los débiles, que deja huella de su compromiso vital, tanto directamente (se afilia al PSOE en Valencia) como literariamente, con los mensajes que traslada continuamente en su obra. Por ello la amplitud de su destino y de su significación abarca límites que escaparon a muchos de sus coetáneos. En algún caso por razones trágicas, en la mayoría de los casos por resultado y reflejo de las buenas intenciones, y de la dirección de la convivencia condicionada por el sentido que Max  Aub daba a su bagaje vital, expresado años más tarde por el aserto de Michel Butor: “cada personaje solo existe dentro de sus relaciones con lo que le rodea”. Y así va componiendo sus normas, esas que atienden a la adaptación de variables globales a intereses de clase, de las clases más necesitadas de una ética como la de Aub, sostenida por la  raíz del ideal socialista, pero sobre todo por el ideal de significación humana que es la actitud respetuosa de la cultura y  de  su proceso de relación, donde todos los elementos humanos adquieren una importancia que etiqueta la reciprocidad en los merecimientos materiales e intelectuales y en la consecuente convivencia.

   Gran parte de sus textos reflejan este nivel de respeto por los perfiles clasificadores, perfiles que dan medida de la realidad social en el momento, sobre todo de los colectivos más visibles y accesibles, como es la clase trabajadora. Un reflejo que, como siempre, la poesía suele acuñar en su esencia expresiva: “El hombre es como la tierra, / huerta, secano, barbecho, / según el agua que riega / las arterias de su pecho. / El trabajo es lo que cuenta, / lo otro lo va dando el tiempo”, escribe en el poema “Lo cierto por lo dudoso”, dejando un sello de profunda significación de su afán de realidad en la convivencia: “La playa es orilla / de la mar y de la tierra, / nunca frontera: Nada separa, / nada se para”. Un principio de realidad que se distingue sobre todo en el destino que otorga a sus personajes en los procesos de relación.

   El destino de Max Aub está muy ligado a su significación, ¿o es al contrario? Por ello, el nivel reconocido de ser humano intelectual plantea un Max Aub como sujeto social imprescindible. Es la significación clara del ser total que es. El destino es la consecuencia del ejercicio de esa totalidad, ¿o es al contrario?

   La fluidez narrativa, la autoconformación del personaje y el tránsito elegante de caminos comunes al sujeto receptor, construyen un panel en el que el destino y la significación de Max Aub son señas de una identidad de las que se puede afirmar que en todas las orillas sabe dejar huella de referencia.

 

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1                                          2                                                               3

Max_Aub_Derecha_Campo_concentracion_DjelfaMax-Aub-y-León-FelipeEmilio Prados, muerto. Lo velan (de izquierda a derecha), León Felipe, Antonio Rodríguez Luna, Max Aub, Gabriel García Maroto, Juan Rejano...

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FOTOS: 1 y 2: Max Aub en su juventud; 3: Max (Izquierda) con André Malraux; 4: Max Aub (derecha) en el campo de concentración de Djelfa (Argelia) 1941; 5: Max Aub (Izquierda) en el exilio de Méjico con León Felipe; 6: Max Aub (Izquierda al fondo) en el entierro de Emilio Prados, en Méjico. 7: Agenda de Max Aub, 1944; 8: Pasaporte mejicano de Max Aub.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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