“MAX ESTRELLA” EN EL DICCIONARIO DE LA BOHEMIA (José Esteban) Editorial RENACIMIENTO)

La identificación del personaje literario más significativo de la bohemia española, Max Estrella, “hace que la obra establezca peculiares puentes con su realidad histórica, convirtiéndose en una pieza clave”. (Jesús Rubio).

   Luis Bello, y a en 1925, comentaba que don Ramón: “Acercó el espejo cóncavo a seres que estimó y apreció como compañeros. Aluna vez el rayo oblicuo proyecta su propia figura. Todo hemos visto surgir una sombra detrás del hombre ciego que muere en la calle de abandono y de frío. Muy deformados hasta parecer otros, asoman personajes que hemos conocido y  apenas si conservan algún hilo que los sujete a su vida real. Desde la taberna a la cárcel y  desde la cárcel al ministerio, damos con gentes que Valle-Inclán no ha perdonado. Hay también pobres hombres que no necesitaban el espejo cóncavo. Hay alguno que lleva en la obra el mismo seudónimo que en vida. Valle-Inclán lo desdobla y lo convierte en dos; pero ya solamente en su libro le volveremos a encontrar”. (“Saludo a un ausente”. El Sol, 4 de marzo de 1925).

   “Max Estrella es el personaje que ha dado lugar a una literatura crítica más abundante. Nadie pone en duda la identificación entre Max Estrella y  Alejandro Sawa. Hasta el punto es así, que Sawa debe hoy gran parte de su gloria literaria al homenaje que don Ramón le rindió en su esperpento. Los testimonios sobre él son numerosos y Zamora Vicente realizó un pertinente recuento. ( . . .) Para Anthony Zahareas y José Esteban Luces de bohemia es un homenaje de Valle-Inclán a Sawa, que adquiere

pronto la aureola de “héroe” del mundo bohemio madrileño, como revelan diferentes testimonios… Se ha señalado también una posible identificación de Max con el propio Valle-Inclán pero es más forzada”. (Jesús Rubio, Valle-Inclán caricaturista moderno).

   “Porque vida y literatura se intercambian con facilidad en el transcurso de Luces de bohemia. Cuando Sawa escribe: “Yo soy el otro; quiero decir, alguien que no soy yo mismo”, está representando teatralmente su vida. Porque el vivir bohemio es llevar dos vidas: la de los hechos cotidianos y los imaginarios. Por eso, el bohemio se presenta (o representa) bajo la máscara de su “yo” ante el otro “yo” (que no es él, pero que tampoco deja de serlo) y de ahí la opinión que para los verdaderos bohemios la vida fue siempre un escenario: “Las vidas de los bohemios han ocurrido dos veces: la primera en su tiempo, fue contemporánea, es la que ocurrió sólo una vez; la segunda es múltiple cuando el mismo bohemio se ocupa de su pasado, presente y futuro para representarlos autobiográficamente en movimiento continuo”. (José Esteban y Anthony N. Zahareas, Contra el canon. Los bohemios españoles (1880-1920). Madrid, Ediciones del Orto, 2004).

   “Valle-Inclán realizó en Luces de bohemia con Alejandro Sawa uno de esos magníficos ejercicios de estilización, concentrando las numerosas referencias que arrastraba el personaje: hugoliano, ciranesco, quijotesco, d’aurevilesco, dauderiano, etc.” (Jesús Rubio, Obra citada).

 

 

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