CINE: “La, la, land…Bla, bla, bla”. Raúl Peña

A propósito de la entrega de premios de la Academia de Hollywood 2017, considero oportuno advertir que durante los tres últimos años, y de manera inusual, el Oscar al mejor director ha venido recayendo en cineastas mexicanos, que a buen seguro tenían permiso de trabajo y sus papeles en regla. La secuencia de hechos es la siguiente: en 2014 el Oscar al mejor director fueron para Alfonso Cuarón por su deslumbrante Gravity; al año siguiente, era Alejandro Iñárritu quien arramblaba con las principales estatuillas por su insólita Birdman; y en 2016, aunque costase creerlo, era de nuevo el mexicano Iñárritu quien se llevaba el premio al mejor director por El renacido. ¡Triplete, o Poder del cine y la cultura mexicana! ¿Podría suceder lo mismo en la actualidad, con las recientes leyes de inmigración y el muro fronterizo que el Presidente Trump amenaza con hacer pagar a los mexicanos?

En el presente año, este sabor latino pudo estar representado por dos películas del magnífico realizador chileno, Pablo Larraín (hijo de un ministro de  Pinochet, quien había alcanzado dimensión internacional por una brutal y extraordinaria película sobre el enclaustramiento de un grupo de sacerdotes pedófilos, El club. Sin embargo, su original  biografía de Neruda ha sido  descartada como mejor  película  extranjera,  y su crónica de las jornadas vividas por Jacqueline Kennedy tras el magnicidio de su esposo (todo un reto), ha tenido que conformarse con la nominación  de  Natalie Portman como mejor actriz. Pero Natalie Portman tampoco lo tiene fácil, pues compitió con Isabel Huppert y sobe todo con la joven Emma Stone, quien, además de haber trabajado con Woody Allen un par de veces y de acariciar el Oscar en años anteriores, canta y baila con absoluta entrega en la película favorita, La, La, Land. Ya desde su participación en el Festival de Cannes, este edulcorado musical ha sido objeto de una intensa campaña que lo presentaba como un homenaje al cine, a la ciudad de  Los Ángeles  y  un regreso al origen. Al igual que había sucedió con aquella nadería, muda y en blanco y  negro,  titulada  El  artista, los críticos cayeron rendidos ante La, La, Land, que elogiosamente comparaban con Las señoritas de Rocheford de Jacques Demy. En suma, todo olía a una operación de marketing  sospechosa en extremo. Fui a verla temblando. Pero no resultó todo lo cursi que imaginaba y ni siquiera el guaperas de Ryan Gosling me pareció empalagoso. Durante más de una hora el joven Damien Chazelle consigue imprimir un ritmo trepidante y hacer gala de  un  ex quisito gusto en su puesta en escena, pero hay un momento en que los personajes dejan de cantar y bailar para hablar en exceso y entonces desaparece el embrujo y todo pierde fuelle. Un defecto quizás imperdonable para una película con 14 nominaciones.

Bien distinta por su sórdido ambiente y sentido crítico es la película Comanchería, un western fronterizo que transcurre en una Texas desolada, en donde se oyen frases como esta: “Nosotros robamos esta tierra a los mexicanos, y ahora son los banqueros quienes nos las roban a nosotros.” De aquí que el protagonista, a fin de pagar su hipoteca, se dedique a asaltar bancos pistola en mano.

Las cinco nominaciones a la película supuestamente pacifista, Hasta el último hombre, quizá signifiquen un reconocimiento y perdón por parte de la Academia hacia un personaje tan políticamente incorrecto como el  actor y director Mel Gibson. Al igual que en su película Pasión, sobre el calvario de Cristo, aquí también asistimos a una propuesta religiosa y lacerante donde el soldado protagonista se niega a coger un fusil y matar enemigos, en tanto que se dedica a salvar la vidas de sus compañeros heridos en un combate. “Dame fuerzas Señor –dice al cielo el personaje magníficamente interpretado  por Andrew Garfield- para salvar a un hombre más, sólo a uno más…”  Fueron más de setenta las vidas que aquel soldado rescató de un paisaje infernal. Pero resulta curioso que, para lanzar este  mensaje  pacifista, Gibson haya filmado con  maestría la que sin duda es la batalla más Violenta de la historia  del cine. De Manchester frente al mar podría decirse que es una reflexión sobre casi todo: la vida, la  muerte, la juventud, el desamor, la  soledad, sobre todo, el transcurrir del tiempo…

Carece de una  estructura  dramática y convencional, pero su vacuidad y lentitud no resultan pedantes (que es lo que me temía) y me acabó gustando. No obstante, yo no se la  recomendaría a todo el mundo. Es probable que el

Cassey Affleck se acabe llevando el Oscar por su taciturno y doliente personaje.

Dudo que La llegada, película sobre el contacto con unos extraterrestres que aparecen en un extraño globo, cuente con muchas posibilidades de premio, a pesar de haber sido realizada por el prestigiado Denis Villeneuve, quien hoy está  enfrascado en el rodaje de la secuela de Blade Runner. Miedo me da pensarlo.

Y finalmente cabe destacar un significativo incremento del cine hecho por  afroamericanos,  como se dice ahora. Si hace pocos años el realizador negro de la  película  triunfadora, 12 años de  esclavitud, proclamaba que se rodasen más películas sobre el conflicto racial, hoy son cuatro las películas   que figuran entre las nominadas a distintas categorías: Moonlight, Fences de Denzel Washington, Figuras ocultas (sobre tres matemáticas negras que colaboraron en un programa espacial), y Loving. Las cosas parecen estar cambiando. Aunque no le guste a Donald Trump.

2 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s